31 de enero de 2008

La cuesta sin bacalao


Esto no ha sido la cuesta de Enero, me parece que va a ser la cuesta de 2008 (con su 29 de Febrero y todo).

Así que ya saben ustedes: cervecita con “altramuse” o “arvellana” en su defecto. Absténganse de visitar sagrarios en los que sea posible pedir tapas o raciones (con perdón). Ojo, que esto no es ningún problema y mucho menos una dificultad; que en la Ciudad de la Gracia por cientos se cuentan los establecimientos donde no huele a cocina. Quien evita la ocasión, evita el peligro. Y el aroma de las espinacas, el humo de la tortilla recién hecha, el chisporroteo del aceite al freír de las puntillitas y el preludio sonoro del cuchillo jamonero sobre la chaira; puede unirse con el vidrio en hechizo diabólico y brotar de nuestra inconsciencia la frase prohibida, acompañada del suicida levantamiento del brazo:

- Cuando usté pueda, pónganos algo de comé, ¿no?

Y después se van ustedes a la entidad que generosamente les ha otorgado su préstamo hipotecario, y se lo explican:

- Es que verá, estábamos con unos amigos que han venido para conocer la Semana Santa, y claro, con el ambiente, con ese sol tan espléndido, con esa alegría que se respira…pero no se preocupe usted, que para el próximo mes haremos mejor los cálculos y no habrá ningún problema.

El otro día me encontré con un amigo mío, y me dijo que en su hermandad, que es una hermandad más bien humilde, la Junta de Gobierno había enviado junto a las normas para el reparto de papeletas de sitio una solicitud para la financiación (sin intereses) de importe de la misma. Me quedé pensando, porque el elemento es un “guasa” de cuidado.

Y pensando sigo. ¿Esto de la crisis…es como lo pintan? Para colmo, el Miércoles Santo es mi día (siembro la duda de si es por paternidad o por llamarme Pepe, ya que para vuestras mercedes mi nombre es Orfila); y a lo que iba, me va a costar el dinero, porque ese día de por sí, que si la euforia, que si las visitas de cortesía. El que es de la Sed no tiene problema, con un cafelito queda como un señor, pero nosotros, que salimos cuando “el Hidalgo” se está poniendo la coraza…

¡Ay Dios mío!

25 de enero de 2008

A la calle Feria

Siempre ha sido la arteria aorta de mi vida. Sí. Une casi por completo esta pequeña calle con el lugar donde habita la Madre de Dios. Es algo especial, no sé; incluso dejando a un lado los tópicos consabidos de Vizcaíno, “jueves” y “Mercao”, para mí es la calle que resume a Sevilla.

Y resumir a Sevilla no es tarea fácil. Esta idea de resumen se la dejé escrita a mi vecino de collación en su entrada de despedida, o de hasta siempre, o de hasta pronto…

Caminada la tengo de un lado a otro, del “bajoguía” de Regina al nacimiento de su caudal, del caudal verde que inunda sus muchos afluentes. Soñada la tengo de noche, cuando los operarios del Ayuntamiento le dan la vuelta un año más a la calle en la esquina de los Altos Colegios, entre cientos de flashes. Y soñada la tengo de día, cuando las ojeras compiten en divino contraste con el blanco cegador de Sus Ojos.

Amigo Calle Feria, estas letras dedicadas a tu calle, son el sencillo homenaje que atravesando la calle José Gestoso y el Pozo Santo, se encuentra contigo justo donde culmina el Domingo de Ramos.

Te esperaremos, y si necesitas un sitio para descansar de vez en cuando, ya sabes dónde estoy. Y que seas consciente, de que esta entrada la tenía prevista para más adelante, pero ya sabes: la actualidad manda. El varal que tienes en mi casa sigue en pie, ya sabes, sin moverse apenas.

Un abrazo de olivo a olivo.

24 de enero de 2008

Cuando la camino

Es cuando más la siento mía. O cuando más me siento suyo. Hay veces en las que me veo como si fuese un grano de arena en el desierto de Sevilla. Y eso me hace sentir bien. Porque pienso que los pequeños detalles son los que forman el conjunto, y en este caso, es mi propia pasión por ese conjunto la que convierte mi insignificancia en algo grandioso.

Algunas veces pienso que mi sentimiento es excesivo, e incluso me planteo si es racional o no. La mujer con la que comparto mi vida, que además de eso, es mi vida, me dijo en cierta ocasión que únicamente podría tener celos de Sevilla. Ese día, me quedé pensativo y me dije: “Orfila” lo tuyo es de psiquiatra.

Pero no me canso de ser su pétalo de azahar, ni la cara erosionada de uno de los ladrillos de su Plaza de España, ni la tuerca más pequeña de los palcos. Tampoco me resulta poca cosa ser un pedrusco de albero en El Arenal, desecho por la pisada que cruje en media verónica que huele a romero. No me parece baladí sentirme igual que si fuese cualquier adoquín de la calle Azafrán, de esos de los grandes, que pasan siglos de la sombra al sol y del sol a la sombra, recordando con nostalgia el aroma de Cafés Moca.

Tampoco me parece algo irrelevante ser pisada en sus calles; por eso, porque cuando la camino, es cuando más la siento mía.

O cuando más me siento suyo.

- Doctor, ¿esto es normal? ¿Cree usted que estoy en mis cabales?
- Cariño, yo no te cambiaría ni por nadie, ni por nada.

17 de enero de 2008

Don José y la Ley Seca de Duralex

Con tono y semblante de cobrador del Ocaso u oficinista de funeraria de la calle Amor de Dios; con la vista perdida en los senos (del fregadero), Don José sentenciaba con la frase maldita:

- No hay vasos.

Entraba en vigor la Ley Seca de Duralex. Siempre había uno que comentaba tan resignado como sediento, haciendo el mismo movimiento de cabeza que hacía Don José: “esto se está poniendo comercial”.

Eran tiempos todavía de papel y moneda (más moneda que papel y con limitación de ambas cosas). El plástico no había llegado a nuestras carteras, aunque en el negocio en cuestión de poco hubiese servido.

Anécdotas se me vienen a la cabeza de aquellos ratos que echábamos, de la última estación casi fija de viernes y sábados. Bueno, y de algún que otro día entre semana…

Cuando nos quedábamos los últimos, sentíamos como si estuviésemos en vez de en la zona VIP, en un tiempo VIP. Don José, que en tiza no gastaba, nos recitaba la lista de las consumiciones y su importe total con una precisión y rapidez encomiable. Tampoco solíamos nosotros estar en condiciones de rebatir sus cálculos.

Creo que en Sociología existe una técnica que se llama “observación participante”, y el local que nos ocupa nos permitía “observar” a varios estratos sociales. Cuánta variedad en tan poco espacio.

En cuanto a Don José, desde estas líneas mi homenaje sincero a un compendio callado y discreto de sevillanía.

En cuanto al local, pues yo lo incluyo por méritos propios dentro del Patrimonio Inmaterial de Nuestra Amada Ciudad, como diría el Maestro Burgos.

¿Han pensado ustedes, los pilares de vidrio sobre caoba que tiene la calle Alhóndiga en sus dos extremos?

- No te preocupes Pepe, nosotros esperamos un poquito.

8 de enero de 2008

Madre


- Esta “levantá” va a ir por vuestras madres, por vuestras madres que os parieron macarenos…

Fue ya hace algunos años. Luís León arengaba a Los Elegidos antes de tocar el martillo en la vuelta de Relator hacia Parras. Como supondréis, el pregón fue algo más largo; y el que había logrado a duras penas contener las lágrimas, sucumbió, fuera y supongo que debajo del paso. Luís se acordó de las Madres ante la Madre.

Quiero dar esta humilde levantá por mi madre, que me parió y me educó para ser lo que hoy soy. Ella ni siquiera conoce la existencia de este blog, por su edad y su salud está a años luz de este mundo. Quizás se lo cuente uno de estos días.

Cada día que pasa oigo cómo el reloj de la vida sigue con su péndulo oscilante, sin parar, sin detenerse.

Cada día que pasa siento más la necesidad de decirle cosas que nunca le dije.

Cada día que pasa es un castigo y una bendición.

Podría decir muchas cosas más, pero creo que sobran las palabras para los buenos entendedores.

Me gustaría que viniera un prioste y desmontase el martillo; y que el Capataz nunca pudiera llamar…nunca…

30 de diciembre de 2007

La descripción de la gubia

Se subió a un entarimado realizado a tal efecto, y como hacía siempre, se quitó el reloj y los anillos y se arremangó la bata ocultando los botones de las bocamangas. Su maestro le había dado instrucciones sobre qué es lo que había que hacer y cómo hacerlo. El discípulo ya había dejado de ser aprendiz hacía tiempo, pero aquel trabajo era distinto.

El “cañoncillo” comenzó a hacer brotar un olor a cedro tan intenso, que todo el Templo se inundó de él. Era un aroma concentrado y puro que había estado mucho tiempo enclaustrado. Cuando la gubia se hundía en la madera, sonaba con un eco de siglos. Fue un trabajo breve, limpio y sin complicaciones.

Solamente había que acoplar las nuevas cogidas de oro en la cabeza de El Maestro. La Hermandad por su parte, se había encargado de adaptar todos los juegos de “potencias” para que entrasen sin holguras pero sin tener que forzarlas.

Concluido el trabajo, recogió sus herramientas y descendió del entarimado, no sin antes rezar una breve oración. La misma oración que cada viernes rezaba. Tras ello se despidió sin más y dirigió sus pasos, acelerados como su corazón, al taller.

Desde aquel día ha pasado ya bastante tiempo. El discípulo me había contado este relato desde que tengo uso de razón en varias ocasiones. Yo, lo escuchaba atentamente, primero de niño, después de adolescente…Hace poco, volvió a relatármelo. Igual que siempre. Y por primera vez le hice una pregunta, que hasta entonces nunca me planteé:

- ¿Y qué es lo que sentías, mientras estabas allí subido y hacías tu trabajo?

Pensó algunos segundos antes de responderme, y me dijo:

- Sentí que tenía a Sevilla bajo mis manos.

Es la descripción más rotunda y certera que jamás he oído de El Señor de Sevilla hasta el día de hoy.

26 de diciembre de 2007

A pulso aliviao



Soy débil. Y ante la insistencia de una Dama, sí, escrito con mayúsculas y en negrita, me creo mi blog. Espero no defraudarla, al menos a ella. También espero ser constante, y además tener el tiempo necesario para no desentonar con ella, ni con El Aguaó, ni con la gente de la Plaza de los Carros, ni con ningún otro de mis acompañantes en este Rinconcillo virtual, en esta casa fundada en 2007 donde espero echar buenos ratos y compartir ideas y sentimientos.
Espero aportar mi humilde clavel blanco en esa jarra de plata que se llama Sevilla, y apretar los dientes para que cuando caigan los kilos, no se note desde fuera. Esta primera va a ir a pulso aliviao, para soltar los nervios y porque mi Capilla es muy chiquitita y el paso demasiado grande. Espero, cuando el olivo haya salvado el dintel y estemos en el suelo de Orfila, dar una levantá como Dios manda.
(Perdón, la foto, como se puede ver es de Roberto Villarrica)