Ya está, la solución a todos mis problemas. Os dejo el enlace en el que el “abesé” nos da el detalle del invento.
Voy a darme una "güertesita" por la calle Feria, a ver si han abierto ya Vizcaíno.
Y sin moverme del polígono la Isla, “con toas sus castas”.
http://www.abcdesevilla.es/hemeroteca/historico-28-10-2008/sevilla/Sevilla/google-te-enseña-tu-calle-en-tres-dimensiones-gracias-al-servicio-street-view_91870878130.html
29 de octubre de 2008
15 de octubre de 2008
Teorías del Deporte Sacro
Mi amigo, el guasa, tiene entre sus teorías más famosas la del “Léxico costalero”. Eso es. En ella, mantiene que una reunión de costaleros es perfectamente capaz de mantener una conversación de horas empleando únicamente 12 palabras. Como los varales de un palio. Ni más ni menos. La combinación de las mismas con algunas preposiciones, adverbios y verbos (copulativos, con perdón) es suficiente para prolongar sin fin cualquier coloquio. A saber, apunten: palo, chicotá, revirá, kilos, saco (como sustantivo y como verbo), destrozo (al), costal, zanco, izquierdo, caída (de la calle), jabón y bocadillo.
Lo que yo os diga, guasa “pa alicatar un cuartobaño”. Ahí no queda la cosa. Mantiene y defiende a ultranza la teoría de la “Multiplicación de los zancos y las patas”. Los visitantes de esta calle, en su mayoría ya sabrán a lo que me refiero. Nada más hace falta irse cualquier día de cuaresma o precuaresma a algún bar-tertulia de los que tanto abundan. Mientras se entrega uno al trago, pone la oreja y nada más que hay pateros. Ni fijadores ni nada, y de corrientes ni hablamos.
Si es que hay cosas, que te dejan estupefacto. La Semana Santa pasada estábamos viendo venir de lejos un palio. Mi amigo y yo. Teníamos al lado una reunión de 5 ó 6 pipiolos cofrades. Ojú. El cabecilla, que por supuesto era patero, ponía comentarios al “momento cofrade”. No estaba la cosa muy desesperada hasta que sentenció:
- El corriente de la cuarta va “hundío”.
Toma ya. Como ustedes hilan muy fino, al parecer tenía estudios universitarios y por eso empleó palabras no incluidas en las 12 de marras. En fin, que no sé yo si esto no está llegando a unos límites que, no sé, no sé…
[Sirvan estas letrillas como un ejercicio de reflexión y de autocrítica (por la parte que nos toca). Ejercicio hecho desde el cariño y el respeto. El guasa y yo comenzamos juntos en el deporte sacro. Él vio que no era lo suyo y duró dos o tres años. No llegó a ser patero. Yo tampoco lo he conseguido de momento. ¿Cuentan las patas centrales?]
2 de octubre de 2008
"La Puertosario"

Es curioso; la forma en la que pertenecemos a las cosas, a los sitios. No solamente pertenecemos a nuestros padres, a nuestras parejas y a nuestros amigos. También somos de los lugares. Un poner: yo soy de la Puertosario. Sí señor, primicia informativa: Orfila es de la Puertosario. No, no es que haya huido de la plaga del champiñón por el “rialto abajo”. Hasta hace algo más de dos años, un servidor de ustedes vivía muy cerquita de El Punto (R.I.P)
Tras este introito guasón, voy a lo que iba. Al sentimiento de apego que se va agrandando con el paso de los años. Mis padres siguen allí, al contrario que El Punto. Cuando voy a verlos, cuando me bajo del coche y mis pies tocan el suelo es como si volviese tras un destierro de años y años. Miro las casas, algunas abandonadas, las mismas casas que vieron como mi cuerpo y mi alma crecían. La Puertosario es un barrio raro, tan raro que ni tan siquiera es un barrio. Todo el mundo habla de ella: los autobuses, los costaleros, los de las vespas… Últimamente se ha convertido en la meca del empeño, en el “valle de piedad” de los asfixiados por la crisis, o como quieran llamar a eso que hace a las personas agolparse a las puertas de cuchitriles que gritan “Compro oro” o hacer cola en los “cash converters”.
La dejaron sin El Colmo, sin el Estanco, sin la frutería…lo peor fue lo de El Punto. Pero mi corazón sigue ablandándose cuando vuelvo allí. Es el viaje al pasado que hacemos instintivamente, no es un viaje de placer, más bien es un viaje a la realidad. A la realidad de un tiempo que pasa, que pasa por nosotros y por los lugares a los que pertenecemos.
Así que sirvan estas letrillas como tributo agradecido a mi cuna. Ya lo sé, no he sido yo miembro activo de esa collación. Ya sé que mi vida se ha balanceado desde La Encarnación hasta la Macarena, Feria arriba y Feria abajo. Pero hasta hace poco más de dos años, mis sueños se perfumaban con aguardiente de El Punto. Y ese olor permanece, es fuerte como el recuerdo.
Llegará el día en que únicamente vuelva a mi cuna el Jueves Santo a ver a la Reina de los Ángeles. Sí, justo entre Año Nuevo y la Esperanza. Dios quiera que eso tarde mucho.
Tras este introito guasón, voy a lo que iba. Al sentimiento de apego que se va agrandando con el paso de los años. Mis padres siguen allí, al contrario que El Punto. Cuando voy a verlos, cuando me bajo del coche y mis pies tocan el suelo es como si volviese tras un destierro de años y años. Miro las casas, algunas abandonadas, las mismas casas que vieron como mi cuerpo y mi alma crecían. La Puertosario es un barrio raro, tan raro que ni tan siquiera es un barrio. Todo el mundo habla de ella: los autobuses, los costaleros, los de las vespas… Últimamente se ha convertido en la meca del empeño, en el “valle de piedad” de los asfixiados por la crisis, o como quieran llamar a eso que hace a las personas agolparse a las puertas de cuchitriles que gritan “Compro oro” o hacer cola en los “cash converters”.
La dejaron sin El Colmo, sin el Estanco, sin la frutería…lo peor fue lo de El Punto. Pero mi corazón sigue ablandándose cuando vuelvo allí. Es el viaje al pasado que hacemos instintivamente, no es un viaje de placer, más bien es un viaje a la realidad. A la realidad de un tiempo que pasa, que pasa por nosotros y por los lugares a los que pertenecemos.
Así que sirvan estas letrillas como tributo agradecido a mi cuna. Ya lo sé, no he sido yo miembro activo de esa collación. Ya sé que mi vida se ha balanceado desde La Encarnación hasta la Macarena, Feria arriba y Feria abajo. Pero hasta hace poco más de dos años, mis sueños se perfumaban con aguardiente de El Punto. Y ese olor permanece, es fuerte como el recuerdo.
Llegará el día en que únicamente vuelva a mi cuna el Jueves Santo a ver a la Reina de los Ángeles. Sí, justo entre Año Nuevo y la Esperanza. Dios quiera que eso tarde mucho.
26 de septiembre de 2008
La mejor de las maestras

Ya va al colegio de los mayores. El primer día lo acompañamos hasta la clase, el segundo nos dejaron ir hasta el patio. El tercero, lo vimos irse caminando, lento, independiente, meciendo su mochilita al compás de sus pasos. Se iba de nosotros, es como si fuera su primera salida. Una salida de 20 ó 25 metros hasta el patio, entre niños más pequeños, otros de su edad y otros muchos más grandes.
Nunca podré sentir lo que siente mi Puente de Barcas, por varios y contundentes motivos. Pero algo me tocó allí donde me tocan pocas cosas. Se marchaba en soledad en medio de la algarabía. Nosotros nos fuimos también, en soledad, alejándonos hacia el silencio. En cierto modo como si hubiésemos hecho algo malo, sabiendo que no es así.
Con un lustro de radiante vida ya empieza a irse. A lo mejor es que el otoño está acompañando a mis reflexiones y a mis sentimientos. Quizás sea eso.
Puede que algún día sepa exactamente qué es querer a un hijo, en toda la extensión de la palabra. Quizás no. Pero creo humildemente, que si llegase ese día, iba a ir con una buena preparación.
Cierto es también que tengo a la mejor de las maestras.
Nunca podré sentir lo que siente mi Puente de Barcas, por varios y contundentes motivos. Pero algo me tocó allí donde me tocan pocas cosas. Se marchaba en soledad en medio de la algarabía. Nosotros nos fuimos también, en soledad, alejándonos hacia el silencio. En cierto modo como si hubiésemos hecho algo malo, sabiendo que no es así.
Con un lustro de radiante vida ya empieza a irse. A lo mejor es que el otoño está acompañando a mis reflexiones y a mis sentimientos. Quizás sea eso.
Puede que algún día sepa exactamente qué es querer a un hijo, en toda la extensión de la palabra. Quizás no. Pero creo humildemente, que si llegase ese día, iba a ir con una buena preparación.
Cierto es también que tengo a la mejor de las maestras.
17 de septiembre de 2008
Bendito despiste

Vi la noticia en la prensa. La había escuchado en su día, no me había vuelto a acordar. Hacía calor, pero me eché a la calle camino del centro. No me imaginaba qué aspecto ofrecería el Palio en ese enclave, aunque caminaba bien seguro de la magnificencia que encontraría.
Ya escribí hace tiempo, sí, hace demasiado tiempo, ya lo sé, cuánto me gusta caminar esta tierra que me vio nacer. Lo que disfruto alzando mis pensamientos libres hasta el azul que nos cubre. Así iba, buscando toldos, cornisas y árboles que paliaran (nunca mejor dicho) el calor; deteniéndome en zaguanes marmóreos con bajeras de Mensaque, que esos si que son “inverter” y lo demás es cuento. Lo de los zaguanes es una de mis debilidades. Yo, que soy poco curioso y nada alcahueto, no puedo resistirme a atravesarlos hasta la forja, ojeando el interior y viendo cómo en algunos se ha parado el tiempo, y el aroma.
Por fin llegué. Ante mis ojos se aparecía la majestuosidad de siempre, esa grandiosidad que tantos años he contemplado. La Belleza. Lo único y lo distinto. Me quedé un rato. No sé cuánto tiempo, pero bastante.
Le recé una salve, y salí deprisa a ver si me daba tiempo de llegar antes de que cerrara el Ayuntamiento. Llegué tarde al consistorio por culpa de los zaguanes y de La Belleza. Pero llegué a tiempo allí donde mis pensamientos libremente quisieron ir. Donde siempre han ido.
Ya escribí hace tiempo, sí, hace demasiado tiempo, ya lo sé, cuánto me gusta caminar esta tierra que me vio nacer. Lo que disfruto alzando mis pensamientos libres hasta el azul que nos cubre. Así iba, buscando toldos, cornisas y árboles que paliaran (nunca mejor dicho) el calor; deteniéndome en zaguanes marmóreos con bajeras de Mensaque, que esos si que son “inverter” y lo demás es cuento. Lo de los zaguanes es una de mis debilidades. Yo, que soy poco curioso y nada alcahueto, no puedo resistirme a atravesarlos hasta la forja, ojeando el interior y viendo cómo en algunos se ha parado el tiempo, y el aroma.
Por fin llegué. Ante mis ojos se aparecía la majestuosidad de siempre, esa grandiosidad que tantos años he contemplado. La Belleza. Lo único y lo distinto. Me quedé un rato. No sé cuánto tiempo, pero bastante.
Le recé una salve, y salí deprisa a ver si me daba tiempo de llegar antes de que cerrara el Ayuntamiento. Llegué tarde al consistorio por culpa de los zaguanes y de La Belleza. Pero llegué a tiempo allí donde mis pensamientos libremente quisieron ir. Donde siempre han ido.
29 de abril de 2008
Paréntesis
Como veréis, salgo menos que la Virgen del Voto. Espero me disculpéis este tiempo que llevo sin publicar y sin escribir en vuestras casas. Leer, leo de vez en cuando. No hay ningún problema que no tenga solución, pero entre unas y otras cosas, no tengo el tiempo y la tranquilidad que os merecéis. Como éste que está aquí debajo, estaré un tiempo retirado, pero no me iré del toro...
Volveré pronto…Abrazos y besos.
Volveré pronto…Abrazos y besos.
8 de abril de 2008
Recuerdos de Romero y oro

El veredicto de la montera.
El monumento a la verónica en entregas aleatorias. El peso incontestable de la Estética de Sevilla. El aroma verde de la tarde. El sonido del percal sobre el albero. La magia de un arte efímero que nunca muere. El tiempo y el espacio. Lo justo, lo medido, lo que no sobra pero basta. El silencio a gritos.
Media.
La mirada de la ilusión. La distancia de la ilusión. La ilusión. La franela y la caricia. La seda, el oro y el terciopelo. La izquierda más diestra. Dos, tres, cuatro, cinco. La música para no escucharla. El anillo imperfecto que cruje. Sevilla y las campanas de la Giralda.
Trincherazo y “el de la firma”.
El trámite contractual...
El paladar.
El monumento a la verónica en entregas aleatorias. El peso incontestable de la Estética de Sevilla. El aroma verde de la tarde. El sonido del percal sobre el albero. La magia de un arte efímero que nunca muere. El tiempo y el espacio. Lo justo, lo medido, lo que no sobra pero basta. El silencio a gritos.
Media.
La mirada de la ilusión. La distancia de la ilusión. La ilusión. La franela y la caricia. La seda, el oro y el terciopelo. La izquierda más diestra. Dos, tres, cuatro, cinco. La música para no escucharla. El anillo imperfecto que cruje. Sevilla y las campanas de la Giralda.
Trincherazo y “el de la firma”.
El trámite contractual...
El paladar.
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